jueves, 29 de febrero de 2024

PALEONTÓLOGOS ENCUENTRAN LA HUELLA MAS ANTIGUA DE UN DINOSAURIO HERBÍVORO EN EL HEMISFERIO SUR.

 El hallazgo fue realizado por investigadores del CONICET en la Formación Lajas, que forma parte de la Cuenca Neuquina. Tiene unos 200 millones de años.

Hace 225 millones de años aparecieron en la primitiva Tierra los dinosaurios. En la era final del Triásico. Y vivieron durante 160 millones de años hasta su extinción, a fines del Cretácico, hace 65 millones de años debido al intenso cambio climático provocado por la caída de un gran meteorito o por erupciones volcánicas, según distintas teorías.

En América del Sur y particularmente en la Argentina se hallan los terrenos más prolíferos para la investigación prehistórica y la paleontología. Un verdadero parque Cretácico.

Y un ejemplo más de ello es el descubrimiento de la huella más antigua de un dinosaurio tireóforo en el hemisferio Sur.




Los tireóforos (Thyreophora) son un suborden de dinosaurios herbívoros que habitaron la Tierra desde principios del período Jurásico (hace aproximadamente 200 millones de años) hasta fines del Cretácico (hace alrededor de 65 millones de años).

Si bien hay registros de su presencia en ambos hemisferios, los hallazgos, tanto fósiles como icnológicos conocidos hasta hace poco, permitían especular a los especialistas con que este grupo de animales era de origen boreal y habían arribado al sur poco antes del comienzo del Cretácico.

"En Sudamérica las huellas más antiguas que se conocían de tireóforos se habían hallado en Brasil y correspondían a una etapa límite entre el Jurásico Tardío y el Cretácico Temprano. Más al sur, los registros que había correspondían al período Cretácico", explicó Pablo Pazos, investigador independiente del CONICET y director del Instituto de Estudios Andinos "Don Pablo Groeber" (IDEAN, CONICET-UBA).




Recientemente, Pazos, junto a un grupo de colaboradores, encontró en la Formación Lajas, una unidad geológica del Jurásico que forma parte de la Cuenca Neuquina- más específicamente en la localidad de Covunco (Neuquén) ubicada al norte de la dorsal de Huincul- una huella correspondiente al pie de un tireóforo del Jurásico Medio. El hallazgo fue publicado en la revista Journal of South American Earth Sciences.

De acuerdo a Pazos, especialista en sedimentología e icnología, al margen de la novedad paleobiológica, el hallazgo obliga también a replantear las interpretaciones existentes sobre la Formación Lajas (reservorio de gas y petróleo en subsuelo), cuyas localidades ubicadas al sur de la dorsal de Huincul fueron hasta el momento mucho más estudiadas que aquellas que se encuentran al norte de la misma.

"Hasta ahora se consideraba que toda la unidad había conformado un megasistema deltaico que avanzaba sobre el mar (el paleo-Pacífico), por lo que no era esperable encontrar restos de dinosaurios ni mucho menos de huellas", indicó el investigador.


Y agregó: "Esto nos obliga a revisar la hipótesis geológica de que toda la zona se encontraba bajo el agua, más tomando en cuenta que la huella apareció en la sección basal dentro de un perfil de roca de alrededor de 500 metros. En caso de haberse tratado de un gran delta como ocurre al sur tendríamos que haber encontrado depósitos subacuáticos, marinos".

La evidencia de que sobre la sección basal de la unidad geológica caminaban animales implicaría que se trataba de un área que no solo no era marina sino que estaba expuesta al aire, lo que lleva a los especialistas a preguntarse si la Formación Lajas tiene la misma edad al norte y al sur de la dorsal de Huincul.

"En este sentido, uno de nuestros colaboradores recordó un trabajo de L. R. Lambert de los años 40 sobre el hallazgo de trigonias (un género ya extinto de bivalvos marinos) en la zona que sugieren una edad más joven. Lo cual también era un claro indicio de que las localidades al norte de la unidad eran más nuevas que las que se encontraban al sur", señaló Pazos



De acuerdo al análisis de los investigadores, la huella es característica de los estegoaurios (un género de dinosaurios tiréoforos) y se trata sin duda de la más vieja de la Cuenca Neuquina y la más antigua de un tireóforo para el hemisferio Sur y para todo el territorio de lo que fue el supercontinente Gondwana, antes de que se produjera la separación en aguas profundas de Sudamérica, Antártida y Australia.

Una característica particular de este hallazgo es que a diferencia de lo que ocurre generalmente se trata de una única huella aislada de un pie -lo más frecuentes es encontrarlas de a pares o componiendo una caminata- y que está sobre un plano inclinado y no en uno horizontal como suele suceder.

"La marca del pie del dinosaurio está preservada en una estructura sedimentaria que se genera por corrientes fluviales y eso produce la formación del plano inclinado. Es posible que la superficie sobre la que pisó el dinosaurio estuviera sumergida, aunque no totalmente, y que la humedad y las matas microbianas hayan favorecido su preservación. Esto resulta consistente con la hipótesis que encontramos revisando la literatura de que los estegosaurios podían atravesar pequeños cuerpos de agua", indicó Pazos.

Aunque aún no se puede determinar con exactitud la edad del sitio en el que fue realizado el descubrimiento, los investigadores deducen que debe tener más 163 millones de años y menos de 170 millones de años.


viernes, 23 de febrero de 2024

EL INCREIBLE HALLAZGO DE, "GRAN ARIA", EL CONTINENTE PERDIDO BAJO EL SUR DE EUROPA.

 Hay restos de este continente perdido en más de 30 países. Pero solo ahora un grupo de geólogos logró reconstruir su historia.



Investigadores en Europa estudiaron durante una década rocas en una vasta región, desde España a Irán, en busca de pistas del antiguo continente.

Y lograron determinar, paso a paso, cual fue su destino.

La masa terrestre ya había sido detectada por ondas sísmicas en el pasado, pero el estudio de sus restos y la reconstrucción de su historia no tiene precedentes.

Los únicos restos visibles del continente son piedras calizas y otras rocas en cadenas montañosas europeas.


Estas rocas de piedra caliza en las montañas Taurus en Turquía son restos visibles de Gran Adria.

Pero la mayor parte del continente se encuentra sepultada bajo el sur de Europa.

"La mayoría de las cadenas de montañas que investigamos se originaron en un solo continente que se separó del norte de África hace más de 200 millones de años", señaló Douwe van Hinsbergen, investigador principal y geólogo de la Universidad de Utrecht en Holanda.

Una parte restante del continente se encuentra en una franja que va desde Turín, a través del mar Adriático, hasta el talón de la bota que forma Italia.

Esa zona es conocida por los geólogos como "Adria", por lo que Van Hinsbergen llamó al continente perdido Gran Adria.



Gran Adria tiene una historia violenta y complicada, según Van Hinsbergen.

El continente se convirtió en una masa separada cuando se desprendió del supercontinente Gondwana, que comprendía lo que es actualmente América del Sur, África, Australia, Antártica, el subcontinente indio y la Península Arábiga.

Luego de esa fractura, que tuvo lugar hace cerca de 240 millones de años, el continente de un tamaño similar a Groenlandia comenzó a desplazarse hacia el norte.

Hace unos 140 millones de años el continente estaba sumergido en gran parte bajo un mar tropical, donde los sedimentos acumulados se transformaron en roca.

Y hace entre 100 y 120 millones de años esta gran masa chocó con lo que es actualmente Europa y su corteza se hizo añicos.

Gran parte de Gran Adria acabó deslizándose debajo de Europa, pero algunas rocas del continente perdido, que fueron "raspadas" en la colisión, fueron esparcidas en la superficie terrestre.




Si bien la colisión tuvo lugar a velocidades no mayores de 3 o 4 centímetros por año, esa presión fue suficiente para destrozar la corteza de 100 km de profundidad y enviar el resto del continente a grandes profundidades en el manto terrestre.

Más de 200 millones de años después, la historia de Gran Adria ha sido reconstruida paso a paso por los geólogos de universidades de Utrecht y de Oslo, y del Instituto de Geofísica ETH, en Zúrich (Suiza).

Los científicos señalan que partes de Gran Adria se encuentran a unos 1.500 km de profundidad.

"La placa de la que este continente era parte tenía cerca de 100 km de grosor, y solo los primeros 5 km quedaron en la superficie", afirmó Van Hinsbergen a BBC Mundo.

"El resto descendió hacia el manto, donde puede ser detectado con ondas sísmicas, con una técnica que se llama tomografía sísmica".

Los investigadores tienen certeza de que las rocas estudiadas eran parte de un continente.

Hay dos tipos de corteza, la oceánica que es más fina, pero densa, químicamente más simple y con una historia geológica más corta, porque generalmente se subduce en un período de 200 millones de años luego de su formación y típicamente se encuentra entre 4 y 6 km bajo el nivel del mar, explicó Van Hinsbergen a BBC Mundo.

La corteza continental, en cambio, es más gruesa pero menos densa, químicamente compleja y con una larga historia geológica, y típicamente yace sobre el nivel del mar o a profundidades más cercanas a la superficie.

"Estas rocas (del Mediterráneo) se intepretan como continentales. No somos los primeros en reconocer que debió haber habido un continente, pero hemos mostrado su extensión y reconstruido este continente en mucho más detalle de lo que jamás se había realizado", señaló el científico.

Una de las mayores dificultades para estudiar el continente perdido es que las rocas están tan dispersas.

Y solo en la última década los científicos han contado con el software necesario para una reconstrucción geológica tan compleja, según explicó Van Hinsbergen.

"La región del Mediterráneo es simplemente un desorden desde el punto de vista geológico", "Todo está curvado, fracturado y apilado". afirmó el investigador.




viernes, 9 de febrero de 2024

CINTÍFICOS LOGRAN ESTABLECER COMO ERAN LA COPAS DE LOS ÁRBOLES FOSILIZADOS DE HACE 350 MILLONES DE AÑOS.

 En el registro fósil, los árboles suelen conservarse solo con el tronco. No suelen incluir hojas que permitan saber cómo eran sus copas. Ahora, sin embargo, unos investigadores han conseguido averiguar la forma de la copa de árboles fosilizados de hace 350 millones de años y esta ha resultado ser muy distinta de la de los árboles típicos de hoy en día.

Estos árboles fosilizados fueron encontrados en un yacimiento paleontológico de New Brunswick, Canadá.



"La forma en que este árbol producía hojas enormemente largas alrededor de su tronco enjuto, y la gran cantidad de estas en una corta longitud de tronco, es sorprendente", destaca Robert Gastaldo del Colby College en Waterville, Maine, Estados Unidos, primer autor del estudio.

Las formas que adoptan estos árboles de 350 millones de años atrás se parecen a las de un helecho o una palmera, aunque las palmeras no surgieron hasta 300 millones de años después. Además, las hojas funcionales de los helechos o las palmeras se agrupan en la parte superior y son relativamente pocas.



En cambio, el Sanfordiacaulis conserva más de 250 hojas alrededor de su tronco, y cada hoja parcialmente conservada se extiende a 1,75 metros de él. Gastaldo y sus colegas estiman que cada hoja creció al menos otro metro antes de terminar su crecimiento. Esto significa que un denso conjunto de hojas se extendía hasta al menos unos 5,5 metros alrededor de un tronco que no era de tipo leñoso y que medía solo 16 centímetros de diámetro. "Sorprendente cuanto menos", enfatiza Gastaldo.

Los hallazgos realizados en este estudio ofrecen importantes perspectivas sobre la evolución de los vegetales. También son un recordatorio de que, a lo largo de la historia de la vida en la Tierra, han existido árboles que no se parecen a ninguno de hoy en día.


"Todos tenemos un concepto mental de cómo es un árbol, dependiendo de dónde vivamos en el planeta, y tenemos una visión clara de lo que nos es familiar", dice Gastaldo. "El fósil sobre el que informamos es único y poseía una forma de crecimiento que resulta extraña en la historia de la vida. Es uno de los experimentos de la evolución que estuvo en marcha durante una época en la que las plantas forestales experimentaron una notable biodiversificación, y se trata de un experimento que, al parecer, duró poco".

El estudio se titula “Enigmatic fossil plants with three-dimensional, arborescent-growth architecture from the earliest Carboniferous of New Brunswick, Canada”. Y se ha publicado en la revista académica Current Biology.

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS DE ICNOFÓSILES DE LAS MARISMAS DEL CÁMBRICO EN WISCONSIN REVELAN COMO ERAN LOS PRIMEROS ANIMALES QUE PIZARON LA TIERRA FIRME.

  Los nuevos descubrimientos de icnofósiles procedentes de las marismas del Cámbrico de Wisconsin, con una antigüedad de quinientos millones...