viernes, 27 de febrero de 2026

ESTIDIO REVELA QUE ANTIGUAS SALAMANDRAS MARINAS COMENZARON A CIONQUISTAR LOS OCÉANOS LUEGO DE LA GRAN EXTIONCIÓN DEL PÉRMICO HACE UNOS 250 MILLONES DE AÑOS.

 Hace unos 252 millones de años, la Tierra era un planeta herido. La mayor extinción masiva de la historia —la del final del Pérmico— había arrasado con más del 80% de las especies marinas y una parte sustancial de la vida terrestre. Los ecosistemas estaban devastados y los mares, prácticamente vacíos. 

Sin embargo, en ese escenario de colapso comenzó también una de las grandes historias de recuperación biológica: la rápida expansión de nuevos depredadores marinos. Entre ellos, unos anfibios de aspecto inquietantemente cocodriliano que hoy resurgen del polvo rojo del subsuelo del noroeste australiano.

Un estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology revisa los fósiles de Erythrobatrachus noonkanbahensis, una enigmática salamandra marina del Triásico inferior hallada en la remota región de Kimberley, en Australia Occidental. El trabajo peleontológico no solo aclara la identidad de este animal descrito en los años setenta, sino que revela algo más sugerente: la existencia de una comunidad marina de anfibios mucho más diversa de lo que se pensaba, en los albores de la era de los dinosaurios.


Los protagonistas de la investigación pertenecen a los trematosáuridos, un grupo de temnospóndilos: grandes anfibios que dominaron los ecosistemas acuáticos del Paleozoico y del Triásico. Aunque solemos asociar a los anfibios con las ranas o las salamandras actuales, estos animales poco tenían que ver con ellas. 

En efecto, eran depredadores de cráneo alargado, mandíbulas repletas de dientes cónicos y órbitas orientadas hacia arriba y hacia los lados, una disposición que sugiere que acechaban a sus presas desde el agua, con los ojos apenas emergiendo a la superficie.

Tras la extinción del Pérmico, los trematosáuridos fueron uno de los primeros linajes de tetrápodos en dispersarse globalmente por ambientes marinos y costeros. Sus fósiles aparecen en sedimentos del Triásico Inferior de Madagascar, Groenlandia, Pakistán, el archipiélago de Svalbard y Rusia. 

En Australia, sin embargo, el registro era sorprendentemente exiguo: apenas una especie descrita a partir de restos fragmentarios procedentes de la llamada Formación Blina Shale, cerca de Noonkanbah Station.

La historia del Erythrobatrachus noonkanbahensis tiene algo de novela detectivesca. El holotipo, o sea, el espécimen que define oficialmente la especie, fue hallado en 1960 durante una expedición conjunta australiana y estadounidense. Se trataba de un molde interno del cráneo, un steinkern o molde interno, es decir, la impresión que deja el hueso en el sedimento tras su descomposición.

Durante décadas, el fósil recibió escasa atención científica. Parte del material desapareció de forma temporal tras un préstamo no oficial en los años ochenta. En la revisión actual, los investigadores lograron redescubrir el holotipo original en una colección californiana, donde estaba etiquetado erróneamente como perteneciente a otro género . También localizaron moldes en yeso de alta definición y digitalizaron el cráneo en tres dimensiones para facilitar su estudio.

Esa reevaluación detallada ha permitido separar lo que durante medio siglo se consideró una única especie en, al menos, dos formas distintas.



El holotipo de Erythrobatrachus noonkanbahensis presenta un cráneo relativamente ancho en comparación con otros trematosáuridos de hocico extremadamente estrecho. Una de sus características más llamativas es un prolongado proceso cultriforme del parasfenoides —una estructura ósea del paladar— que se extiende hasta el borde anterior de las coanas, las aberturas internas de las fosas nasales que conectan la cavidad nasal con la nasofaringe y permiten la respiración y el paso de aire. Esta combinación de rasgos permite validar la especie como un taxón distinto.

Sin embargo, otro fósil procedente del mismo yacimiento, previamente atribuido a la misma especie, cuenta una historia diferente. Este segundo ejemplar posee un cráneo extraordinariamente estrecho y alargado, con hileras de dientes finos y densamente empaquetados. Su morfología recuerda de manera notable al género Aphaneramma, un trematosáurido de distribución cosmopolita conocido en regiones tan distantes como Svalbard, en el mar Glacial Ártico; Pakistán y Madagascar .

La conclusión es clara: el conjunto fósil de la Blina Shale no corresponde a una única «salamandra marina», sino a una comunidad de al menos dos trematosáuridos diferentes, con proporciones craneales y denticiones distintas. Posiblemente explotaban nichos ecológicos también distintos.



La formación Blina Shale se depositó en un entorno costero influido por mareas, en el margen de un mar interior que penetraba en el supercontinente Gondwana oriental. Los sedimentos —arcillas ferruginosas, limos y areniscas finas— contienen una mezcla de fósiles marinos y de agua dulce: peces actinopterigios, como el Saurichthys, peces pulmonados, bivalvos, braquiópodos, insectos e incluso restos vegetales .

Las evidencias sedimentológicas indican aguas poco profundas, sometidas a variaciones de salinidad y quizá a inundaciones estacionales. En ese paisaje de deltas y canales salobres convivían anfibios más bentónicos —adaptados a fondos someros o ambientes continentales— con formas claramente marinas como los trematosáuridos.

Lo interesante del asunto es que los trematosáuridos de Blina Shale parecen ser escasos y estar restringidos a un punto concreto del yacimiento, lo que sugiere que ocupaban hábitats específicos, quizá más abiertos o conectados con el mar. Además, mientras que otros temnospóndilos del mismo depósito pertenecen a linajes típicamente gondwánicos, el género afín a Aphaneramma tiene conexiones con faunas del hemisferio norte.

Hace 250 millones de años, los continentes formaban la Pangea. Las costas del océano Tetis y las plataformas continentales ofrecían corredores marinos continuos que facilitaban la dispersión de especies. La presencia de un trematosáurido similar a Aphaneramma en Australia Occidental apunta a intercambios faunísticos a escala planetaria.

Los autores sugieren que estos anfibios marinos pudieron desplazarse siguiendo las franjas costeras del supercontinente, conectando Laurasia y Gondwana. En contraste, Erythrobatrachus noonkanbahensis podría representar una forma más local o incluso endémica del este de Gondwana.

Así, el remoto desierto rojo australiano se convierte en una pieza clave para reconstruir los primeros pasos de la recuperación ecológica tras la gran catástrofe del Pérmico.

Más antiguos de lo que creíamos

El estudio subraya además la importancia cronológica del hallazgo. Erythrobatrachus noonkanbahensis procede del Induano superior–Olenekiano inferior (Triásico Inferior), lo que lo sitúa entre los tetrápodos marinos más antiguos documentados en Australasia.

En un momento en que los ictiosaurios y otros reptiles marinos comenzaban también su expansión, estos anfibios ya estaban ocupando el papel de grandes depredadores acuáticos.

Su anatomía —cráneos alargados, órbitas orientadas dorsolateralmente, denticiones especializadas— sugiere animales adaptados a la captura de peces en la columna de agua, no simples habitantes de charcas costeras. Algunos pudieron alcanzar cráneos de hasta 40 centímetros de longitud, lo que implica cuerpos considerables para un anfibio.


Más allá de la anécdota taxonómica, el trabajo es un recordatorio de la relevancia de revisar colecciones históricas. Fósiles etiquetados hace décadas pueden ocultar interpretaciones erróneas o incompletas. 

En este caso, la separación de dos morfologías distintas desmonta la idea de un único taxón y revela una comunidad “críptica” de anfibios marinos.

La ciencia paleontológica avanza no solo con nuevos hallazgos, sino también con nuevas miradas sobre materiales antiguos. La digitalización en 3D del holotipo permitirá ahora comparaciones más precisas con otros trematosáuridos del mundo y refinar su posición evolutiva.

Por qué este descubrimiento es importante para la paleontología

A modo de resumen, el estudio, que ha sido coordinado por Benjamin P. Kea, del Departamento de Paleobiología, en el Museo Sueco de Historia Natural, tiene varias implicaciones clave para la paleontología. Estas son las principales: 

1️⃣ Demuestra la rápida recuperación de los ecosistemas marinos.  Los grandes depredadores volvieron a aparecer apenas unos millones de años después de la mayor extinción de la historia.

2️⃣ Revela una comunidad marina desconocida. Lo que se creía una sola especie era en realidad un conjunto de anfibios marinos diferentes.

3️⃣ Aporta evidencia de dispersión global temprana. Los trematosáuridos ya se distribuían por todo el planeta en el Triásico temprano.

4️⃣ Sitúa a Australia como región clave. Los fósiles de Kimberley son algunos de los tetrápodos marinos más antiguos de Australasia.

Bajo el sol inclemente de Kimberley, entre arcillas rojas y areniscas estratificadas, descansan los vestigios de aquellos anfibios trotamundos que, mucho antes de que los dinosaurios alcanzaran su apogeo, ya patrullaban los mares de la Pangea.

miércoles, 25 de febrero de 2026

PALEONTÓLOGOS IDENTIFICAN MAS DE 20 RASTROS FÓSILES DE DINOSAURIOS EN TERRITORIO SUDAFRICANO.

 La marea baja dejó al descubierto un secreto de 132 millones de años en la costa de Sudáfrica: huellas de dinosaurios, las más jóvenes jamás halladas en el sur de África, emergieron entre las rocas de la pequeña franja litoral de la Formación Brenton, cerca de Knysna.



Huellas de dinosaurio emergen entre las rocas de la Formación Brenton tras la marea baja South African Journal of Science (2026). DOI: 10.17159/sajs.2026/22809.

Publicado en el South African Journal of Science, el descubrimiento de más de dos docenas de huellas de dinosaurios en la Formación Brenton representa el registro más reciente de la presencia de dinosaurios en África austral. Estas huellas, fechadas en el Cretácico temprano, se encuentran en un área limitada a 40 metros de largo y 5 de ancho. El equipo de investigación, liderado por Charles Helm, destacó que la mayoría de las impresiones aparece en la zona intermareal, donde el mar las cubre dos veces al día.

“Nos sorprendió encontrar huellas de dinosaurio en un espacio tan pequeño junto a la costa”, relató Helm en su artículo en The Conversation. La expectación inicial era hallar algún diente fósil, como el que un niño de 13 años descubrió en 2017, pero el entusiasmo aumentó al identificar decenas de rastros en lo que parecía un simple parche de roca.


El equipo de investigación examina impresiones fósiles halladas cerca de Knysna South African Journal of Science (2026). DOI: 10.17159/sajs.2026/22809.

El registro de dinosaurios en Sudáfrica muestra un vacío importante después de las erupciones volcánicas que cubrieron la cuenca del Karoo hace unos 182 millones de años. Tras ese evento, la evidencia de dinosaurios en la región se vuelve escasa, sobre todo durante el período Jurásico. Con este hallazgo, los investigadores sitúan la presencia de estos animales 50 millones de años después de las últimas huellas conocidas en el Karoo, extendiendo la línea temporal de los dinosaurios en la zona.

En 2025 se registraron otras huellas, de unos 140 millones de años, en la costa del Western Cape. Ambas evidencias sugieren que la región conservó una fauna de dinosaurios mucho tiempo después de lo estimado hasta ahora.

El análisis de los rastros indica que los autores fueron terópodos —dinosaurios carnívoros que caminaban sobre dos patas—, posibles ornitópodos y quizás saurópodos, conocidos por sus largos cuellos y colas. “No resulta sencillo distinguir las huellas de terópodos de las de ornitópodos, y las de saurópodos suelen carecer de impresiones claras de los dedos”, explicó el equipo. Por ello, el trabajo priorizó la documentación y la confirmación de la antigüedad sobre una identificación específica: “Elegimos no sobreinterpretar qué dinosaurios dejaron cada rastro, ya que no son lo suficientemente claros”, puntualizaron los autores.

Detalle de una de las huellas atribuidas a un dinosaurio terópodo en la zona intermareal South African Journal of Science (2026). DOI: 10.17159/sajs.2026/22809.

La mayoría de las huellas se encuentra en superficies rocosas expuestas, pero algunas aparecen en cortes verticales de los acantilados, lo que permite observarlas en perfil. Según los investigadores, la abundancia de rastros en un área tan reducida sugiere una presencia significativa de dinosaurios en la región durante el Cretácico temprano.

Contexto geológico y perspectivas de futuras exploraciones.

El estudio destaca que, tras la fragmentación del supercontinente Gondwana, se formaron depósitos terrestres en lo que hoy son las provincias de Western Cape y Eastern Cape. En esos afloramientos, los restos fósiles de dinosaurios suelen limitarse a dientes sueltos, huesos aislados o fragmentos óseos dispersos. En palabras de los investigadores, “ahora buscamos sus huellas” para completar el panorama. El descubrimiento impulsa la hipótesis de que existen más rastros y fósiles por descubrir en otras exposiciones de rocas cretácicas de la región.



Las huellas, fechadas en el Cretácico temprano, desafían la cronología aceptada de la región South African Journal of Science (2026). DOI: 10.17159/sajs.2026/22809.

La diferencia entre el paisaje actual y el de hace 132 millones de años es notable. El equipo de Charles Helm describió un escenario antiguo en el que “muchos dinosaurios habrían sido visibles en la zona, posiblemente habitando canales de marea o playas fluviales, rodeados de una vegetación completamente distinta a la actual”.

En palabras del equipo de trabajo, “la confirmación de huellas en la Formación Brenton y en la Formación Robberg sugiere que aún hay mucho por descubrir en los depósitos cretácicos de Sudáfrica”. El avance invita a mirar de nuevo el litoral sudafricano, donde la marea baja sigue revelando fragmentos de un pasado remoto.

sábado, 21 de febrero de 2026

HALLAN LOS RESTOS FOSILIZADOS DEL ICTIOSAURIO MAS GRANDE DE GRAN BRETAÑA.

 Los especialistas creen que se trata del primer ictiosaurio encontrado en ese país. Tiene aproximadamente 180 millones de años.


Imagen: Matthew Power/ANGLIAN WATER/REUTERS

Diez metros de largo y un cráneo que pesa una tonelada son las dimensiones de un fósil de ictiosaurio encontrado por investigadores británicos en un embalse de East Midlands. Se trata del mayor y más completo fósil de este tipo jamás descubierto en Gran Bretaña, según informó  la agencia de noticias británica PA. 

Un empleado de la Reserva Natural de Rutland Water, en Inglaterra, fue quien por casualidad el fósil del enorme "dragón marino" (ictiosaurio), según reveló la cadena pública británica BBC. 

Joe Davis explicó al citado canal, que emitirá mañana un programa dedicado al hallazgo, que en un principio llamó al ayuntamiento de la zona para contarles que había encontrado "un dinosaurio" mientras desempeñaba su trabajo en febrero del pasado año. 

El esqueleto de ictiosaurio encontrado en la Reserva Natural de Rutland.Imagen: Matthew Power/ANGLIAN WATER/PA/dpa/picture alliance

Finalmente, lo que había visto no era un dinosaurio, sino los restos fosilizados de un enorme depredador marino, llamado ictiosaurio, de 10 metros de longitud, y el ejemplar de mayor tamaño encontrado hasta ahora en el Reino Unido. 

"Miré abajo a lo que parecían piedras o crestas en el barro y pensé que parecía algo orgánico, un poco diferente. Luego vi algo que se parecía a una mandíbula", explicó Davis a la BBC. 

Tras la llamada del hombre al ayuntamiento, se desplazó a la zona un equipo de paleontólogos, que concluyeron que el fósil pertenecía a un ictiosaurio, una especie que puede crecer hasta los 25 metros de largo y que vivió entre hace 250 y 90 millones de años.  


Imagen: Matthew Power/ANGLIAN WATER/PA/dpa/picture alliance.

Hallazgo "sin precedentes"

Dean Lomax, paleontólogo de la Universidad de Manchester, calificó el hallazgo de "verdaderamente sin precedentes" debido a su tamaño y lo catalogó de "uno de los grandes descubrimientos en la historia de la paleontología británica". 

"Generalmente pensamos que los ictiosaurios y otros reptiles marinos se descubren por la costa jurásica en Dorset o la costa de Yorkshire, donde muchos quedan expuestos por la erosión de los acantilados. Aquí en una ubicación interior es muy poco habitual", indicó el experto al citado canal. 

Rutland se encuentra a casi 50 kilómetros de la costa, si bien hace 200 millones de años la zona se encontraba cubierta por agua. 

jueves, 5 de febrero de 2026

CIENTÍFICOS ENCUENTRAN HIELO DE 6 MILLONES DE AÑOS EN LA ANTARTIDA. EL REGISTRO MÁS ANTIGUO DE LA ATMÓSFERA TERRESTRE.

La directora de la investigación, Sarah Shackleton, explicó que "los núcleos de hielo son como máquinas del tiempo que permiten a los científicos observar cómo era nuestro planeta en el pasado".


Crédito: Julia Marks Peterson, COLDEX.

Las muestras de hielo y de aire más antiguas hasta la fecha en la Tierra se han identificado en la Antártida y llevan ahí unos seis millones de años, según un estudio de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

De acuerdo con la investigación, las minúsculas burbujas de aire selladas dentro del núcleo de hielo, extraído de la región de Allan Hills, en la Antártida Oriental, ofrecen una visión excepcional de la antigua atmósfera terrestre.

La impresionante antigüedad de las muestras se determinó con mediciones del decaimiento de un isótopo del gas noble argón. En cuanto a la temperatura, los isótopos de oxígeno revelaron que, en estos seis millones de años, el hielo se enfrió aproximadamente 12 grados Celsius.


La imagen muestra parte del equipo de Shackleton durante la excavación. Imagem: Julia Marks Peterson, COLDEX.

Existe abundante evidencia de que, en la época en la que se formó la muestra, la Tierra era significativamente más cálida y el nivel del mar mucho más alto, pero esta es la primera evidencia que cuantifica el enfriamiento del clima de la Antártida desde entonces.

La directora de la investigación, Sarah Shackleton, explicó que "los núcleos de hielo son como máquinas del tiempo que permiten a los científicos observar cómo era nuestro planeta en el pasado" y añadió que los núcleos extraídos en esa zona están ayudando a "viajar atrás en el tiempo" más de lo que creían posible.


La búsqueda tuvo lugar en Allan Hills, una zona de la Antártida Oriental conocida por su peculiar geografía y condiciones extremas.

El Centro para la Exploración del Hielo Más Antiguo (COLDEX, por sus siglas en inglés) se esfuerza por ampliar los límites del registro de núcleos de hielo conocidos. Así, hasta el 2 de octubre, el límite estaba en 800.000 años de antigüedad, y en esa fecha un proyecto europeo anunció un núcleo profundo continuo de hasta 1,2 millones de años en la Antártida Oriental.

Las muestras de Allan Hills amplían la cronología varios millones de años más, aunque se trata de fragmentos discretos de hielo y no de un núcleo continuo. Esta zona es una de las mejores del mundo para encontrar hielo antiguo a poca profundidad, debido a su topografía, los fuertes vientos y el frío intenso.

El director del centro, Ed Brook, calificó el hallazgo como el más importante de COLDEX hasta la fecha. Este centro se creó en 2021 con el propósito de explorar la capa de hielo antártica, que es la mayor reserva de agua congelada del mundo.

Las próximas investigaciones tratarán de reconstruir las concentraciones de gases de efecto invernadero y los niveles de calor oceánico preservados en las burbujas de hielo. De este modo, se podrán comprender las fuerzas que impulsan el cambio climático a largo plazo.

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS DE ICNOFÓSILES DE LAS MARISMAS DEL CÁMBRICO EN WISCONSIN REVELAN COMO ERAN LOS PRIMEROS ANIMALES QUE PIZARON LA TIERRA FIRME.

  Los nuevos descubrimientos de icnofósiles procedentes de las marismas del Cámbrico de Wisconsin, con una antigüedad de quinientos millones...