jueves, 15 de mayo de 2025

EN EL PASADO EL MEDITERRÁNEO Y LA GUAJIRA ESTUVIERON INTEGRADOS.

 En uno de los lugares más calurosos de Colombia, donde el sol no da tregua, los fuertes vientos han torcido los pocos árboles, como el trupillo y el marúa; las caminatas se hacen pesadas por la dureza y la cantidad de rocas en el suelo, por la arena, por los cactus, especialmente el yosu. Allí en la alta Guajira, hace 125 millones de años, el paisaje era otro.


Las olas y las corrientes de un inmenso océano, el de Tetis, les daban rumbo a animales marinos viajeros que los paleontólogos califican como fauna cosmopolita, es decir que se distribuyen en regiones muy grandes; hoy se encuentran como fósiles incrustados en rocas sedimentarias, muy sólidas, en varias zonas del país. Esos organismos vueltos roca, parecidos a los actuales caracoles, ostras y peces, divagaban libremente y hoy se encuentran también en países mediterráneos como España, Francia e Italia, así como en el norte de África, en México y probablemente en Perú.

Hace unas semanas, el paleontólogo Pedro Patarroyo, profesor investigador de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, estuvo buscando evidencias de aquellos fósiles del Barremiano, una de las divisiones del tiempo geológico perteneciente al Cretácico temprano, que data de hace 129 a 125 millones de años. Esos fósiles en la alta Guajira colombiana demuestran que el Tetis se extendía más allá del actual Mediterráneo, en una zona semitropical.

(SERVICIO GEOLÓGICO COLOMBIANO).

En 1838, el paleontólogo alemán Leopold von Buch lo mencionó cuando estudió las muestras que llevó Alexander von Humboldt a Europa a comienzos del siglo XIX y que hoy reposan en el Museo de Historia Natural de Berlín. Luego, en la década de los años cincuenta, Hans Bürgl dejó literatura al respecto. Ahora Patarroyo busca demostrar, fósil en mano, que estas amonitas –moluscos con concha en los cuales es un experto– son la mejor herramienta para relacionar regiones de Colombia con las de otros continentes. La alta Guajira es un lugar ideal para adelantar estas investigaciones porque a los geólogos les encanta trabajar en lugares desérticos donde las montañas están desnudas y pueden ver mejor las rocas que estudian. Además, porque poco se sabe de su geología y porque se piensa que fue allí donde alguna vez estuvimos unidos a otros continentes.

Durante cinco días, acompañado por María Fernanda Almanza, geóloga del Servicio Geológico Colombiano (SGC), el profesor Patarroyo fue subiendo los doscientos metros del cerro Yuruma, una montaña que parece una tajada de ponqué con capas, pero en el que, en lugar de estar relleno de chocolate, las franjas de rocas representan diferentes momentos geológicos de la antigüedad.


SERVICIO GEOLÓGICO COLOMBIANO

Las jornadas comenzaban temprano en la mañana y terminaban a las cuatro y media de la tarde, no por cansancio, sino porque había que aprovechar la luz del día para terminar de registrar lo encontrado o lo visto durante el día. En la ranchería Watchuali, donde Patarroyo guindó hamaca y Almanza montó su carpa, seguían dándoles vueltas a posibles interpretaciones de las rocas del cerro Yuruma, una montaña escarpada y empinada, todo un reto para turistas, pero un bocado de cardenal para los geólogos porque la ven como un libro: allí leen el pasado y pueden describir la historia geológica del territorio. “Tenemos el ojo adiestrado para distinguir la morfología o los cambios de material”, explica Patarroyo.

El balance de ese martes fueron muchos bivalvos, grupo de moluscos con caparazón, como las conchas que contienen perlas. Preciosos, pero eso no es lo que buscan; con la lupa encuentran foraminíferos, otro tipo de fósil, pero ese tampoco es el que quieren. No importa. Ambos escriben en sus cuadernos de notas, dibujan en planillas los diferentes estratos de rocas encontradas en la columna estratigráfica, aquella que muestra la secuencia de capas en una montaña, y revisan conjuntamente los mapas. El camino de rocas planas, rotas, pequeñas y grandes, corrugadas y lisas es monótono, excepto por una serpiente plateada, una cazadora, que se desliza rápidamente al paso de la geóloga; tras un grito silencioso, la enfoca con su cámara y logra dejar testimonio de su huida.

(SERVICIO GEOLÓGICO COLOMBIANO.).

Ya van a ser las 12 de ese primer día, y los dos geólogos siguen su camino mirando hacia abajo, buscando, revisando, tomando muestras y marcando cada una de ellas. Aún están en la parte baja de la montaña. Frente a ella, alzan su mirada y empiezan a marcar alturas. Lo hacen con el bastón de Jacob, una vara de metro y medio pintada con franjas negras y blancas; en su parte superior tiene un disco metálico y un nivel que permite medir el espesor y la inclinación de las capas y, con base en esa inclinación, marcar cada metro y medio hacia arriba, lo cual facilita la comprensión de la columna estratigráfica.

El primer día terminan en el bastón 22, lo que equivale a 33 metros de altura. Regresan a la ranchería con unas pocas muestras de amonitas de los géneros Nicklesia y Pulchellia, correspondientes al Barremiano inferior. “Lo sabemos por la bioestratigrafía, por la correlación con las zonas patrón del Mediterráneo”, dice el profesor.

A las nueve de la mañana o a las cuatro de la tarde, explica, es la mejor hora para buscar sus amonitas, “cuando la incidencia de la luz solar hace que los relieves y los rasgos geológicos resalten”, lo que no ocurre al mediodía. Trucos de los geólogos.

El primero no fue un buen día; el profesor dice estar “descorazonado” porque no encuentra lo que está buscando. Al día siguiente será necesario subir más.

Durante el segundo día usan su brújula y, ya conociendo las rocas sedimentarias, buscan las mismas capas, pero en otro lado del cerro. Primero es necesario ubicarse bien; luego, calibrar sus instrumentos y continuar cerro arriba. El viento produce un ruido que se lleva las conversaciones; pero cuando deja de correr, el silencio es total. Con martillo y cincel van rompiendo rocas, desentrañando lo que contienen.


(SERVICIO GEOLÓGICO COLOMBIANO).

Ya estamos en el tercer día, y se aproximan a la cima del cerro. Van en el bastón 70 y no se cansan de mirar las capas, buscando evidencias. Hoy han encontrado Gerhardtia otro género de amonitas; ya le volvió el alma al cuerpo al profesor Patarroyo.

En la cuarta jornada resuelven iniciar el día contándoles a los pocos estudiantes que llegan al Aula de Watchuali sobre lo que están haciendo en el cerro Yuruma. Tranquilina, la profesora, de 56 años, les traduce al wayunaiki las diferencias entre las eras geológicas y los fósiles. El profesor Patarroyo deja como material pedagógico algunos fósiles; pero son pocos los alumnos que lo pudieron escuchar porque las distancias en esta desértica región no permiten que los niños lleguen hasta la escuela. Además, algunos no han vuelto por estar trabajando en una mina recién abierta en la zona. Eso cuentan los habitantes de la ranchería.

De nuevo en el cerro, los geólogos se concentran en sus mediciones para ir trabajando de acuerdo con sus parámetros de estudio. A veces los encuentra uno, entre roca y roca, hablando de la vida, la familia, lo cotidiano. Van subiendo y marcando rocas con un plumón rojo, ya casi llegan a la cima. Pero no están seguros de si podrán subir, porque el camino está escarpado y esos últimos metros parecen una pared. Ayer vieron unos tres chivos lograrlo. Les tocará hacer como las cabras que ‘tiran al monte’.

El último día llegan a la cima, y, aunque en ese último tramo los fósiles son más escasos, hay algo que les llama la atención: “Con base en un fósil que encontramos hoy, una amonita que estaba en una caliza muy compacta, vamos a ver qué metodología utilizamos para sacarla sin dañarla porque es un organismo bien diferente de lo que se puede encontrar en el Barremiano; existe una remota posibilidad de decir que evidentemente en el cerro Yuruma tenemos depósitos del Aptiano”, dice el profesor, “pero hasta que no se prepare la muestra no lo sabremos”.



Concluye que sí encontraron fósiles del Barremiano similares a los que hay en Villa de Leyva. Pero en realidad le quedan más dudas que respuestas. Así es la ciencia. “Ahora viene lo bueno porque la limpieza de los fósiles demanda un gran trabajo”. Y el reto será publicar la experiencia en una revista científica, un texto acompañado de ilustraciones y fotografías, que hasta ahora no existe.

Esta salida de campo forma parte de la producción del libro Geología de Colombia, que produce el Servicio Geológico Colombiano y compila el estado actual del conocimiento de la geología del país. “Hemos querido viajar a diferentes puntos del país para hacer no solamente una toma de fotografías que puedan publicarse como portadas de los tomos, sino que también nos ha servido para colaborar con los diferentes autores para venir a campo y resolver algunas dudas puntuales que tienen los investigadores”, dice la geóloga Almanza. 

(SERVOCIO GEOLÓGICO COLOMBIANO).

El profesor Pedro Patarroyo va lento. Todo lo mira con cuidado, todo lo hace como si estuviera en un ceremonial. Piensa sus palabras antes de decidirse a pronunciarlas y no se permite ser categórico. “Esto puede haber sido así, pero aún nos falta evidencia para confirmarlo”, parece decir cada vez que habla.

Ecuánime, silencioso, concentrado y tranquilo. Frecuentemente divierte a sus coequiperos con algún chiste cargado de humor irónico. Una vez terminada la jornada se echa en su hamaca, y lo ve uno con la mirada perdida, seguramente su cerebro maquinando diferentes hipótesis de lo que vivió y encontró durante el día.

La noche le sirve para descansar, pero juraría que entre sueños sigue maquinando. En la mañana, cuando empieza a clarear, toma su cuaderno de notas, sus mapas geológicos y su portafolio, y empieza a anotar, a pintar, a dibujar, a ubicar, a describir. Manos le faltan para plasmar todos sus pensamientos en esos documentos. Es ahora o nunca. Patarroyo tiene doctorado y posdoctorado en ciencias naturales y paleontología en las universidades Justus Liebig Universitaet Giessen y la de Heidelberg en Alemania. Tiene más de 30 publicaciones científicas nacionales e internacionales indexadas. Desde hace 24 años es profesor en la Universidad Nacional, en donde ofrece clases como estratigrafía, paleontología, geología histórica o Campo IV. En esta última enseña a sus estudiantes de geología las técnicas básicas para hacer un levantamiento estratigráfico, justo como el que hizo en el cerro Yuruma. Es autor del capítulo sobre el Barremiano en Colombia que se publicará en el libro Geología de Colombia.


martes, 13 de mayo de 2025

PALEOBIOLOGÍA EN EL CERREJÓN, GUAJIRA.

 Cerrejón es una formación geológica de Colombia que data de entre mediados a finales del Paleoceno. Esta se halla en la subcuenca de El Cerrejón en la cuenca Ranchería en el departamento de La Guajira. La formación consiste de campos de hulla que son un importante recurso económico. El carbón de la Formación Cerrejón ha sido explotado intensivamente en la mina a cielo abierto del Cerrejón, una de las mayores del mundo. La formación también posee fósiles que son los primeros registros de las selvas neotropicales.

Cerrejón se subdivide en los grupos inferior, medio y superior basándose en el grosor y distribución de los lechos de carbón. En promedio los lechos de carbón miden 3 metros de grosor, y van desde 0.7 m. a 10 m de grosor. Los lechos más gruesos se encuentran en la parte superior de la formación.

Basándose en las asociaciones de litofacies y la composición paleofloral, el ambiente deposicional fluctuaba de una planicie costera inflenciada por estuarios en la base de la formación a una planicie costera fluvial en el zona superior.


En el Cerrejón, una de las minas de carbón a cielo abierto más grandes del mundo, ubicada al norte de Colombia, los paleobotánicos han encontrado gran parte de la evidencia para reconstruir la evolución de los bosques neotropicales.

CRÉDITO: HOUR.POING / WIKIMEDIA COMMONS.

En el pasado geológico reciente, algo del carbón entró en combustión espontáneamente de manera natural formando carbón quemado rojizo, similar al ladrillo y clinker. Estas rocas afloran irregularmente y miden más de 100 metros de grosor. El clinker se halla cerca de las zonas deformadas como las fallas o plegamientos cerrados, y es más antiguo que las propias deformaciones. Se piensan que estos combustionaron después del desarrollo de la falla de cabalgamiento y el abanico aluvial del Cerrejón.

Los fósiles hallados en la formación Cerrejón son el primer registro de las selvas neotropicales, con una gran abundancia de macrofósiles de plantas y palinomorfos. La formación también tiene restos de vertebrados riparinos que incluye dípnoos, tortugas, serpientes y crocodiliformes. Basándose en estos fósiles y la estratigrafía de la formación, la formación Cerrejón Formation estaban constituida por una planicie costera cubierta por una selva húmeda atravesada por grandes sistemas de ríos.


 archivo de Wikimedia Commons.

Se estima que la selva estaría situada en la paleolatitud 5°N. Durante el Paleoceno, las temperaturas ecuatoriales eran mucho más altas que las del presente. Basándose en el tamaño de la boa gigante Titanoboa (cuyos especímenes se han hallado en la formación Cerrejón), la temperatura media anual de la zona ecuatorial de Suramérica en el Paleoceno estaba entre 30 °C (86 °F) y 34 °C (93,2 °F). Este es el rango mínimo de temperatura en el que un animal poiquilotermo tan grande como Titanoboa podría vivir. Asimismo esto es consistente con los modelos climáticos del Paleoceno que predicen temperaturas con efecto de invernadero y una concentración atmosférica de CO2 de 2,000 partes por millón. Los estimados de paleotemperaturas basados en las asociaciones de hojas de la formación Cerrejón indican que la temperatura media anual era de 6 a 8 °C, menor que otras estimaciones. Sin embargo, estas estimaciones de temperatura basadas en la paleoflora selvática ribereña y de humedales se han considerado como muy bajas.

Las temperaturas medias anuales de 30 a 34 °C son consideradas como demasiado altas para los bosques tropicales modernos,9 pero la selva del Cerrejón se pudo haber mantenido gracias al incremento de los niveles del CO2 atmosférico y a la alta precipitación regional de lluvias, la cual se estima en cerca de 4 metros por año.



El registro de flora de la formación Cerrejón es bien conocido, con muchos microfósiles identificables de plantas bien preservados que han sido hallados en la mina del Cerrejón. Los fósiles están bien preservados, y en algunos casos su estructura celular está intacta. En comparación con las selvas neotropicales modernas, la diversidad de plantas es bastante baja. Esto puede ser una indicación de la primera etapa de la diversificación de los neotrópicos, o un lento período de recuperación siguiendo al límite Cretácico – Terciario.

Muchas plantas de la formación Cerrejón pertenecen a familias que aún son comunes en las selvas neotropicales. Entre estas hay una gran variedad de palmas y legumbres en la formación. Aparte de las palmas y legumbres, mucha de la biomasa del bosque del Paleoceno consistía de laurales, malvales, Menispermaceae, Araceae y Zingiberales. Los estudios de plantas fósiles de sitios que datan del Cretácico indican que la composición de flora debajo del límite Cretácico–Terciario (límite K–T) era muy diferente de la del Paleoceno. Las legumbres están ausentes de los estratos del Cretácico, y probablemente aparecieron o se diversificaron durante el Paleoceno.

La tierra durante el Paleoceno hace 60 millones de años. Créditos C. R. Scotese.

La presencia de estos tipos de flora en estratos del Paleoceno muestra que las plantas características de las selvas modernas neotropicales habían existido por largos períodos de tiempo geológicos, siendo capaces de resistir a los cambios geográficos y climáticos en Suramérica. Se había sugerido que las selvas neotropicales son el resultado de cambios ambientales producidos por los ciclos glaciales del Cuaternario (es decir, las recientes eras del hielo). Estos ciclos pudieron haber causado fluctuaciones en la diversidad y extensión de las selvas. Si este fuera el caso, la actual diversidad de la selva amazónica podría ser una reciente especiación en un entorno cambiante. Sin embargo, el registro de flora de la formación Cerrejón muestra que la actual diversidad de la selva amazónica puede remontarse hasta principios del Cenozoico.

El daño producido por insectos alimentándose es evidente en algunos de los macrofósiles de plantas de la formación Cerrejón. Un examen de los macrofósiles de plantas muestra que cerca de la mitad de los especímenes estudiados habían sido atacados por insectos herbívoros. Los insectos que dañaron las hojas eran predominantemente generalistas, a diferencia de los insectos neotropicales modernos que son principalmente herbívoros especializados. No hay evidencia de que hubiera una elevada densidad de insectos o asociaciones especializadas de huésped que son vistas en bosques neotropicales posteriores. La diversidad de insectos en la Formación Cerrejón es baja comparada con la de las selvas neotropicales modernas, por lo que probablemente el daño a las hojas fue hecho por relativamente pocas especies.


Titanoboa cerrejonensis : Gabriel Ugheto.

Restos del boido gigante Titanoboa cerrejonensis han sido hallado en una capa gris de arcilita que subyace a la veta de carbón 90 en la mina del Cerrejón. Titanoboa es la mayor serpiente que se conozca, alcanzando una longitud estimanda en 13 metros. Eunectes, la anaconda, es probablemente la más cercana analogía viviente de Titanoboa.


foto: smithsonian institution.

Un crocodilomorfo dirosáurido denominado Cerrejonisuchus improcerus fue descrito en 2010 de la formación en la misma capa que Titanoboa. Era un dirosáurido pequeño, y tenía la menor longitud de hocico en relación a la longitud total del cráneo de cualquier dirosáurido. Muchos dirosáuridos era marinos, con largos hocicos adaptados a capturar peces. El corto hocico de Cerrejonisuchus es probablemente una adaptación para una dieta más generalizada en un entorno acuático transicional. Es posible que Cerrejonisuchus fuera una presa de Titanoboa, ya que los dos habitaban el mismo ambiente fluvial. Se han documentado anacondas alimentándose de caimanes, un hábito alimenticio que es similar al inferido para Titanoboa. Otra clase de dirosáurido, Acherontisuchus, fue nombrado en 2011 de la misma formación. Con un cuerpo mayor y un largo hocico, se parece a los demás dirosáuridos.



La formación Cerrejón contiene grandes vetas de carbón que son extraídas principalmente en la mina del Cerrejón. El carbón es apreciado por sus bajos contenidos de ceniza y azufre y su resistencia a la aglomeración. La mina del Cerrejón es la mayor mina productora de carbón de Colombia, siendo la mayor parte de su producción exportada a Europa. Asimismo es la mayor operación de minería de carbón en América Latina.


PALEONTÓLOGOS ENCUENTRAN FÓSILES DE TRES NUEVAS ESPECIES DE SALMÓN Y LUCIO, PECES QUE VIVIERON EN ALASKA HACE 73 MILLONES DE AÑOS.

 Los paleontólogos han encontrado los fósiles de tres nuevas especies de peces, incluido el primer salmónido conocido, Sivulliusalmo alaskensis , en la Formación Prince Creek, en el norte de Alaska, Estados Unidos.


El sincrotrón nos permitió reconstruir virtualmente estos peces en 3D, hueso por hueso. Es un ejemplo increíble de cómo las herramientas modernas de imagenología están desvelando secretos del pasado remoto. — Lisa Van Loon, profesora adjunta de investigación, Western

“ Sivulliusalmo alaskensis no sólo es una especie nueva, es el salmónido más antiguo del registro fósil”, dijo el Dr. Patrick Druckenmiller, director del Museo del Norte de la Universidad de Alaska.

“Nuestro artículo también documenta muchas otras especies de peces antiguos nuevos en el Ártico, incluidas dos nuevas especies de lucio ( Archaeosiilik gilmulli y Nunikuluk gracilis ) y el registro más antiguo del grupo que incluye carpas y pececillos”.

“Muchos de los grupos de peces que hoy consideramos distintivos del ambiente de altas latitudes de Alaska ya existían al mismo tiempo que los dinosaurios”.

El descubrimiento de Sivulliusalmo alaskensis añade otros 20 millones de años a la historia fósil de la familia del salmón.

Fotografía de la UAF por Kevin May

Anteriormente, los salmónidos más antiguos documentados se encontraban en fósiles encontrados en Columbia Británica y Washington.

“Es notable que los salmónidos, que tienden a preferir aguas más frías, prosperaran incluso durante el calor del Cretácico, y que vivieran durante millones de años en regiones que han sufrido cambios drásticos en la geografía y el clima”, dijo el Dr. Andrés López, curador de peces en el Museo del Norte de la Universidad de Alaska.

A pesar de que en aquella época el Ártico era más cálido, habría habido grandes oscilaciones estacionales de temperatura y luz, como las que hay hoy.

“El salmón ya era un pez que prosperaba en un lugar donde se estaban produciendo esos dramáticos cambios”.

“A pesar de todos los cambios que ha experimentado el planeta, todos los cambios en la geografía y el clima, aún existen los ancestros de los mismos grupos de especies que dominan hoy las aguas dulces de la región”.

Salmón Chinook ( Oncorhynchus tschawytscha ). Crédito de la imagen: Servicio Geológico de Estados Unidos.

Las nuevas especies son el último descubrimiento procedente de la Formación Prince Creek, famosa por los fósiles de dinosaurios encontrados en una serie de sitios a lo largo del río Colville en el norte de Alaska.

En el Cretácico, Alaska estaba mucho más cerca del Polo Norte que hoy.

“Los fósiles de peces son uno de los tipos de fósiles más abundantes en la Formación Prince Creek, pero son muy difíciles de ver y distinguir en el campo”, dijo el Dr. Druckenmiller.

“Entonces, llevamos baldes de arena fina y grava a nuestro laboratorio del museo, donde usamos microscopios para encontrar los huesos y los dientes”.

“Nuestros nuevos hallazgos se basan principalmente en diminutas mandíbulas fosilizadas, algunas de las cuales encajarían fácilmente en el extremo de la goma de borrar de un lápiz”.

Para observar mejor los fósiles, los autores utilizaron una microtomografía computarizada para reconstruir digitalmente las diminutas mandíbulas, dientes y otros huesos.

“Encontramos una mandíbula muy distintiva y otras partes que reconocimos como miembros de la familia del salmón”, dijo el Dr. Druckenmiller.

“La presencia de salmónidos en las regiones polares del Cretácico y la ausencia de peces comunes de latitudes más bajas de este mismo período indican que la familia del salmón probablemente se originó en el Norte”.

“Las regiones de altas latitudes del norte fueron probablemente el crisol de su historia evolutiva”.

El artículo fue publicado en la revista Papers in Palaeontology .

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS DE ICNOFÓSILES DE LAS MARISMAS DEL CÁMBRICO EN WISCONSIN REVELAN COMO ERAN LOS PRIMEROS ANIMALES QUE PIZARON LA TIERRA FIRME.

  Los nuevos descubrimientos de icnofósiles procedentes de las marismas del Cámbrico de Wisconsin, con una antigüedad de quinientos millones...