sábado, 23 de marzo de 2024

MARIO URBINA, EL PALEONTÓLOGO AFICIONADO QUE HALLÓ EN PERÚ AL ANIMAL MAS PESADO SOBRE LA TIERRA.

 Cuando Mario Urbina encontró los primeros huesos de este cetáceo, los científicos creían que eran demasiado grandes o que seguramente se trataban de rocas. Tuvieron que pasar 10 años para que el mundo reconozca su descubrimiento.


Todo comenzó en un viaje de exploración por el desierto de Ica, a pocos kilómetros del oasis de Samaca, (Perú).

"Íbamos en auto, pasamos por una quebrada que había visitado antes muchas veces, donde no había encontrado ningún fósil. Sin embargo, esta vez vi un promontorio de roca que jamás había notado. Le pedí al chofer que me lleve y no quiso. Comenzamos a discutir hasta que me harté y salté por la ventana.

Llegué al sitio y noté una piedra rosada en el centro, un color típico de los fósiles de esa época (el Eoceno). Tenía las características de una vértebra de cetáceo, pero era demasiado grande. Aun así, yo estaba seguro de que era un fósil", relata.

Durante el Eoceno, el mar inundaba todo el valle de Ica, donde nadaban basilosáuridos, los primeros cetáceos que cambiaron el hábitat terrestre por el marino hace 50 millones de años. Urbina confiaba en que estaba ante una nueva especie de esta familia de mamíferos.

Además de sus increíbles dimensiones, estas piezas tenían otra rareza: eran totalmente compactas. Su interior era tan sólido como su exterior, a diferencia de los huesos de la mayoría de vertebrados que tienen una estructura interna porosa o esponjosa.

Los huesos que encontró alcanzan un peso de 150 kilogramos.


Cuando le comunicó estas características a sus colegas, estos daban por sentado que se trataba de rocas. "Todas las cartas que yo escribía las contestaban mofándose de mi interpretación. Decían que me había equivocado. Nadie creía que este animal podía existir porque es el equivalente a encontrar a Godzilla", exclama.

Urbina lo compara con el monstruo ficticio japonés porque no había cetáceos como este en el registro fósil. El estudio de estos restos ultrapesados era un terreno prácticamente inexplorado por la ciencia.

"Si uno va y le dice a la comunidad científica ‘He encontrado a Godzilla’, bueno, te dicen que no existe, que es producto de la imaginación. Algo así fue la reacción inicial de la mayoría de científicos, ya que no hay antecedentes de algo tan grande para esa época", explica.




Durante cuatro años, Urbina y su pequeño grupo de colaboradores excavaron las primeras piezas por su cuenta y las llevaron al museo de la universidad de San Marcos, donde pudo demostrar que realmente eran las vértebras de un animal nunca antes registrado. Fue así como consiguió el financiamiento para continuar la difícil extracción de los fósiles, enclavados verticalmente en un cerro rocoso que se vuelve más impenetrable a medida que avanza la excavación. "Para llegar a cada hueso, se tiene que sacar siete metros de roca dura", indica.

Pasaron otros cuatro años en los que Urbina y su equipo excavaron el cerro "a punta de cincel y martillo". Posteriormente, recién hace dos años, se les proporcionó maquinarias de apoyo.

En total, se ha logrado extraer 13 vértebras, 5 costillas y una parte de la pelvis, lo que bastó para que un equipo internacional de científicos confirme el descubrimiento del Perucetus colossus, el cual le debe su nombre a Urbina, quien convenció a los coautores de que la especie lleve la estampa del país.


No obstante, la travesía continúa. El paleontólogo peruano quiere terminar de excavar todo el esqueleto del P. colossus, sobre todo el cráneo, ya que este permitirá saber cómo se alimentaba. Existe, incluso, la posibilidad de que haya sido herbívoro, puesto que la densidad de sus huesos solo le habría permitido estar en el fondo marino, en aguas poco profundas, en las que abundaba la vegetación.


viernes, 1 de marzo de 2024

PALONTÓLOGOS DESCUBREN INSEPTOS QUE CONVIVIERON CON LOS DINOSAURIOS.

 Un equipo interdisciplinario de especialistas del CONICET, liderado por Fernando Novas, investigador del Consejo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET), descubrió restos fósiles de insectos en rocas de la Formación Chorrillo. El hallazgo científico fue publicado en la revista Nature Communications Biology y podría completar la historia de un ecosistema perteneciente a la Patagonia argentina que data de aproximadamente 70 millones de años.



El sitio geográfico se encuentra ubicado unos 30 kilómetros de El Calafate, en la región sudoeste de la provincia de Santa Cruz. Se trata de un lugar de difícil acceso, donde la naturaleza toma protagonismo y plantea diversos desafíos. No obstante, para el equipo, la travesía dio sus frutos: “Valió la pena, no solo por estar frente a un paisaje imponente, sino también por la abundancia de fósiles que hallamos”, resalta Novas.

Allí, entre 2018 y 2019, el equipo de paleontólogos dio con los restos óseos del Nullotitan glaciaris, un dinosaurio saurópodo de gran tamaño descubierto originalmente por el geólogo argentino Francisco Nullo, en el año 1980.

Con el correr de las expediciones, además, lograron recolectar una gran cantidad de material, que incluye huesos de dinosaurios gigantes, tanto herbívoros como carnívoros, fósiles de otros animales, como ranas y peces, dientes de mamíferos, caracoles terrestres y acuáticos, y restos de plantas. “Nos dio un marco general de cómo era el ambiente, de cómo eran los distintos componentes de un antiguo ecosistema que existía en el sur argentino inmediatamente antes de la extinción de los dinosaurios”, destaca Federico Agnolín, investigador del CONICET en el MACNBR y coautor del trabajo.




Sin embargo, lo más sorprendente sucedió durante el análisis de las más de 60 muestras de rocas recolectadas en la formación Chorrillo: “Procesamos muestras para tratar de recuperar restos microscópicos de plantas, tales como granos de polen y esporas de helechos, y para nuestra sorpresa aparecieron restos microscópicos de esqueletos quitinosos en excelente estado de conservación”, resalta la experta en polen fósil Valeria Perez Loinaze, investigadora del CONICET en el MACNBR.

Por esto, el estudio recientemente publicado advierte a los paleoentomólogos del mundo sobre la potencialidad de hallar restos de insectos siguiendo los mismos métodos. “No estamos hablando de insectos en ámbar-resina fósil-, sino de restos conservados, en tres dimensiones, en rocas de aspecto normal”, indica Novas. Y agrega: “Es muy probable que restos de este tipo se estén pasando por alto en la investigación de insectos fósiles, ya que aparecieron en preparaciones en donde lo común es buscar restos vegetales, y no insectos”.



Como explica el investigador del CONICET en el MACNBR Ezequiel Vera, las faunas de insectos de fines del Cretácico son poco conocidas en todo el mundo. “Particularmente, en el hemisferio sur existe una brecha con respecto a las faunas de insectos de la última parte del período Cretácico”, afirma.

Mediante la implementación de las metodologías palinológicas habituales el equipo de trabajo logró poner fin a este desconocimiento con la identificación de fósiles correspondientes a insectos acuáticos del período Cretácico. “Algo interesante de destacar es que esta fauna de insectos acuáticos se encontró en rocas en donde abundan fósiles de plantas que habitaban lagunas, y que muy posiblemente sirvieron como alimento y refugio de estos invertebrados”, comenta Vera.

Los restos de insectos fueron montados en plaquetas de vidrio para ser analizados bajo el microscopio. Se efectuaron exhaustivas comparaciones con otros insectos fósiles y vivientes, tarea en la que intervinieron los entomólogos Julieta Massaferro del Programa del Departamento Conservación y Educación Ambiental del Parque Nacional Nahuel Huapi (CENAC/APN) y Mateo Monferrán, Lara Sabater y Oscar Gallego, especialistas del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET-UNNE), con el objetivo de determinar las relaciones de parentesco de los organismos hallados.



El conjunto fósil descubierto incluye fragmentos de cabezas, alas y escamas que permiten la determinación de las principales agrupaciones de insectos: los quironómidos (dípteros parecidos a mosquitos, pero que no se alimentan de sangre), lepidópteros (mariposas y polillas), y efemerópteros (efímeras, parientes lejanos de las libélulas). También se identificaron varios especímenes incompletos que no pudieron ser clasificados dentro de la gran diversidad de insectos.

Los resultados del estudio mostraron que los quironómidos descubiertos en la formación Chorrillo presentan similitudes con animales que, en la actualidad, habitan la región de Australasia. “Este hecho resulta significativo, porque consiste en una nueva evidencia sobre las relaciones entre las faunas de dicha región con las del extremo sur de Sudamérica”, puntualiza Novas.

Cabe destacar que, como prólogo a este descubrimiento, el equipo dirigido por Novas publicó en el año 2023 otro hallazgo realizado en el mismo sitio, donde el protagonista fue un pequeño molar de mamífero similar al ornitorrinco australiano. “Una de las fuentes de alimento que posee los ornitorrincos vivientes son los quironómidos”, explica Novas. Y continua: “Este nuevo aporte no sólo brinda información sobre el grupo de los insectos, sino que permite comprender el rol ecológico que cumplieron dichos organismos en ese ecosistema prehistórico del sur argentino”.


ENCUENTRAN UN NUEVO FÓSIL DE DINOSAURIO VOLADOR EN ESCOCIA.

 



Un grupo de científicos anunció el descubrimiento de restos fósiles de una especie de pterosaurio en la Isla de Skye, Escocia, un hecho que cambia la percepción que se tiene acerca de la vida en la época de los dinosaurios.

El Ceoptera evansae fue una especie de dinosaurio que habitó hace aproximadamente entre 166 y 168 millones de años, en el transcurso del Jurásico Medio.

El Jurásico Medio fue una período crucial en la evolución de los pterosaurios, donde se observaron importantes innovaciones morfológicas. Sin embargo, el registro fósil de este período es escaso y consiste principalmente en restos fragmentarios. En este contexto, el descubrimiento de nuevos fósiles en la Formación Kilmaluag de Skye, Escocia, brinda información valiosa para entender mejor este momento en la historia de los pterosaurios.




El Ceoptera evansae forma parte del grupo de pterosaurios llamados, Darwinoptera. Sus fósiles fueron principalmente hallados en China. Por eso, este descubrimiento en Escocia sugiere la posibilidad de que estos ejemplares hayan existido durante al menos 25 millones de años más de lo que se creía previamente y que lograron una distribución global en poco tiempo. Así, el hallazgo amplía significativamente la ventana temporal de su existencia, desde el Jurásico Temprano hasta períodos posteriores.

El informe fue publicado por revista Journal of Vertebrate Paleontología , producto de la investigación científica del Museo de Historia Natural, la Universidad de Bristol, la Universidad de Leicester y la Universidad de Liverpool.

La relevancia de este hallazgo se destaca también porque los pterosaurios están entre los primeros vertebrados conocidos por haber desarrollado la capacidad de volar. Estos reptiles voladores compartieron su época con los avialanos, una especie de dinosaurio que se considera antepasado de las aves modernas.



los fragmentos del esqueleto, aunque incompletos, se encontraron en 2006 en una playa pequeña en la costa del Loch Scavaig, en la Península de Strathaird en la Isla de Skye, Escocia.

Los científicos examinaron esqueletos parciales, que comprenden fragmentos de hombros, alas, patas y columna vertebral. Utilizaron escaneo digital para revelar múltiples elementos del esqueleto que, de otro modo, serían inaccesibles debido a su incrustación en la roca.

“Ceoptera ayuda a precisar el momento de varios eventos importantes en la evolución de los reptiles voladores. Su aparición en el Jurásico Medio del Reino Unido fue una completa sorpresa”, afirmó Paul Barrett, investigador de mérito del Museo de Historia Natural.

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS DE ICNOFÓSILES DE LAS MARISMAS DEL CÁMBRICO EN WISCONSIN REVELAN COMO ERAN LOS PRIMEROS ANIMALES QUE PIZARON LA TIERRA FIRME.

  Los nuevos descubrimientos de icnofósiles procedentes de las marismas del Cámbrico de Wisconsin, con una antigüedad de quinientos millones...